IMPRESIONES DE UN RECIÉN LLEGADO

PRÓLOGO:

Queridos amigos, lo que a continuación relato como mero apunte, son únicamente las infinitas posibilidades, que tanto en un mundo real, como en uno imaginario, sucedieron, pudieron suceder o llegarán a suceder. Son simples apuntes que en ningún caso profundizan de cómo llegué al Balmes, ni como contacté, no todo el proceso que me condujo a formar parte de esta familia, porque si algo puedo decir de las personas que he encontrado aquí, es que son mi otra familia. La acogida fue de lo más calurosa y cariñosa.

He intentado acomodarme a la filosofía del cooperativismo, algo que no supone un problema ya que desde el primer momento sabía donde estaba, y mi decisión estaba fundamentada en la aceptación de unos ideales que durante toda mi vida han sido importantes para mi desarrollo como persona (el bien de la mayoría está por encima del de la minoría o el de una única persona).

La vida sin unos objetivos nobles, sin como mínimo un sueño que alcanzar, y un esfuerzo para mejorar como personas para llegar a convertirnos en verdaderas Personas, no tiene sentido, y uno puede estar abocado a la destrucción de la propia individualidad para acabar siendo uno más. Y esto no es una búsqueda del reconocimiento público, ni tan solo de grandes recompensas, simplemente es la búsqueda de la felicidad, y esto es lo que el Balmes me ofrece, pese a que habrá muchas personas que no lo entenderán, aún así respetaré su opinión aunque no sea compartida.

Sin más dilación pasamos a unas breves ensoñaciones de lo que ocurrió, pero no antes de decir a todos ¡MUCHAS GRACIAS COMPAÑEROS!


Principio uno:

Un suave murmullo sonaba en la calle, el viento jugaba con las suaves hojas de los árboles. En un instante el silencio quedó roto por el insistente estruendo del teléfono. Con tranquilidad y aplomo descolgué el teléfono y un voz firme dijo:
- Hola José Luis, soy Pedro. ¡Ven!
- Ahora mismo.


Un interludio:

Todo lo que empieza tiene un final y vuelta a comenzar.


Principio dos:

La música del vecino martilleaba mis pobres oídos. Creo que había repasado un número infinito de veces el “gran diccionario de improperios y sus sinónimos”. Si no hubiese sido por el rítmico balanceo del auricular, estoy seguro de que no me habría dado cuenta de “La llamada”. Algo en mi interior me tiraba hacia el teléfono y no era el retumbar de la música (ruido inconexo, carente de orden y desorden) que parecía retumbar cual eco epiléptico, asincrónico, en mi ya de por sí delicada cavidad estomacal.
- ¿Hola?, contesté.
- Ya saber para que llamo.


Un interludio:

Dios no juega a los dados (ni siquiera al póquer).


Principio tres:

O suenas o te aporreo contra la mesa y te convierto en palillos para las tapitas (estado de nerviosismo). Estoy esperando una llamada importantísima.... (mundo imaginario).

La espera era lenta, contemplativa, reflexiva y de autocrecimiento, lo que tiene que ser será, por mucho que queramos precipitarlo... (mundo real).


Un interludio:

“El hombre primitivo aunque percibiese su yo, se consideraba ante todo como parte del alma colectiva”.


Un principio más:

Estoy tumbado en el sofá en un encuadre cenital, suena el teléfono en plano general, me levanto del sofá en tres tomas, llego al teléfono mediante un fundido en negro. Cojo el teléfono gracias a un plano detalle, contesto mediante plano contra plano. Cojo el metro con elipsis temporal. Viajo en travelling lateral. Llego al Balmes en panorámica, entro por la puerta con un zoom y hablo con Pedro mediante Flash Back y Flash Foward.

¡Por fin he llegado!

Dos campesinos junto a un árbol.

- ¿Cómo es que dedicas todos tus esfuerzos al árbol?
- No.
- No qué.
- No es únicamente un árbol, aunque sí es único.
- No comprendo.
- Simple, este árbol es un conjunto de experiencias vividas, compartidas, imaginadas, soñadas con otras experiencias y otras personas en la que conjugan unas actitudes y disposiciones que personalizan a cada individuo.
- Por favor continúa.
- Es como una perspectiva ética, moral, espiritual; permite reconocer la identidad de los individuos vinculados con su vocación a lo que se desea.
- ¿Qué se desea?
- Abrir los ojos y encaminarse en una perspectiva hacia la verdad. ¿Lo harás o te quedarás donde estás?
- ¿La verdad?
- Si, la verdad que necesita de tu estado algo concreto, de un estado de disposición producto de tu evolución interior. Y esto se llega mediante el conocimiento, pero recuerda, el conocimiento es como una espada de triple hoja, que se reparte de la siguiente manera: lo que dicen unos, lo que dicen otros y LA VERDAD.
- Pero el árbol...
- Es la imagen, un medio, una flecha que te indica el camino que sólo tú puedes decidir seguir, no es fácil ya que hay que pagar tributo, un tributo llamado compromiso, y sólo tú puedes decidir, no lo intentes simplemente hazlo o no lo hagas.
- Comprendo.
- ¿Seguro?.
- Hasta donde puedo en el punto en el cual me encuentro en este momento concreto.
- Entonces ya has comenzado incluso antes de llegar, da el siguiente paso en tu camino.
- ¿Qué elementos me ayudaran en el duro camino?.
- Muchos, pero sólo tú debes decidir qué hacer, tu libertad de ir o no ir es esencial, aunque siempre podrás iluminarlo mediante los auténticos valores que te llevaran hasta tu voluntad creadora, para ser auténticamente consciente de estos valores.
Este es el inicio, sólo queda seguir soñando hasta el infinito y más allá.

José Luis Lorenzo.
(Nov. 2003)