Nuestro Pedro Torres, hombre cabal, amigo y compañero, se nos jubila. Sean los anárquicos versos que aquí incluimos vehículo en el que viaje el abrazo, fuerte, muy fuerte, para el ejemplar compañero que nos dice adiós, luego de cumplir con digna honestidad su nada fácil labor.

Tan faltos son de rigor
como de emoción sobrados
estos ripios pergeñados
al arrullo del amor.

El vocablo jubilar
es de júbilo nacido;
bien, Pedro, te has merecido
del descanso disfrutar.

Y aunque nada nos agrada
tu presencia echar de menos
y tu aliento de hombre bueno
en tanta dura jornada,
bueno será meditar
el caso, considerando
que algo salimos ganando;
parécenos oportuno
recordar en el adiós:
de Torres nos quedan dos
aunque se nos marche uno.

-Cooperativa C.E. Jaime Balmes-