Aquella mañana de octubre me ofertaron por parte de la Dirección Pedagógica de la Cooperativa la posibilidad de dar la matemática a este curso.

Y sucedió que, durante el mismo, poco a poco hube de cambiar la metodología y la didáctica de la asignatura. Lo de siempre no servía, y fue necesario comprometer al grupo consigo mismo, estableciendo criterios de compromiso de cada uno sobre sí y de cada uno con el grupo. Era necesario hacer la matemática atractiva.

Establecimos escenas genuinas donde cada uno se enfrentaba a su realidad, es decir, tenía que elegir un papel propio y personal para enfrentarse a los nuevos diseños. Usamos herramientas nuevas, también nuevos espacios, y cada clase era totalmente diferente a la del día anterior.

Al finalizar el curso, me quedé profundamente sorprendido cuando un alumno en particular vino a despedirse y dijo: “Ha sido para mí una grata satisfacción haberle tenido como 'profe' ”.

Hoy, al finalizar el mes de mayo, cuando estos alumnos han rendido su examen fuera del Balmes para acceder a los Ciclos Formativos, nuevamente me he sentido sorprendido, al comprobar que un 75% de ellos pasarán a realizar nuevos estudios.

El compromiso funcionó.
La ilusión funcionó.
Los alumnos funcionaron.
Los maestros también funcionaron.

Otro alumno me decía que profesores como Fenoy, Juana y Juan Rubio les habían hecho sentirse nuevamente felices y a gusto en el Colegio.
Y para concluir diré que con este grupo, sin duda, he vuelto a encontrar al maestro que acababa de salir de la Universidad, con una infinidad de cosas por hacer; entre ellas, mejorar la calidad de la enseñanza en beneficio de los alumnos. ¡Vaya este artículo por los maestros y por los alumnos!.

El maestro de mates

[VER LAS FOTOS]